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El uso del Latin

El empleo del latín ofrece en la liturgia católica una garantía de unidad. En Roma, en Madrid, en París, en Nueva York, en Australia, se celebra la misma Misa, se canta el mismo Credo. Si en el curso de un largo viaje entramos en una Iglesia, no nos sentimos en ella en país desconocido. Estamos en cierto modo en nuestra casa.

En las misas cantadas sólo se empleará el latín, por los sacerdotes, ministros, coro y fieles.

En las misas rezadas, el celebrante, su ayudante y los fieles que en alta voz dicen las partes que les tocan, sólo usarán el latín. Si además de esta participación litúrgica directa, quieren los fieles hacer algunas preces o cantar algunos cánticos populares, según costumbre, pueden hacerlo en su lengua vulgar.

También en las misas rezadas todo el Pater noster, que es la antigua oración apropiada para la comunión, puede ser recitado por los fieles junto con el celebrante, pero solamente en latín; y todos dicen al final: Amén.

Toda recitación en lengua vulgar está prohibida.

La pronunciación del latín puede hacerse conforme a la propia de cada país. Tiende a generalizarse la pronunciación italiana; pero debe ser enseñada de viva voz.