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El Material Litúrgico

1. EL ALTAR. — Está prohibido celebrar el Santo Sacrificio si no es sobre un altar consagrado. Constituye el altar la parte más importante de la Iglesia.

Los templos protestantes, donde no se ofrece ningún sacrificio, no poseen altar; no son más que simples lugares de reuniones piadosas. En la Iglesia latina el altar está puesto de manera que a ser posible lo vean todos los asistentes : también está generalmente un poco elevado del suelo. Unas gradas, por lo regular de número impar (1, 3, 5), conducen a él. Está cubierto con tres manteles de cáñamo o de lino. En recuerdo de la costumbre que tenían los primeros cristianos de ofrecer el santo sacrificio sobre las tumbas de los mártires, exigen las reglas litúrgicas que haya reliquias encerradas bajo el ara. El sacerdote la besa varias veces durante el Santo Sacrificio. Esta piedra, consagrada por el Obispo y ornada con cinco cruces, constituye el altar propriamente dicho.

2. EL SAGRARIO. — La Sagrada Eucaristía se conserva en el Sagrario. Sus paredes interiores son doradas, o por lo menos forradas de seda blanca; el exterior debe de estar recubierto de cortinillas llamadas conopeo, cuyo color varía como el de los ornamentos litúrgicos. El Sagrario no debe tener encima ningún otro adorno más que el Crucifijo : ni flores ni dosel.

3. EL ALUMBRADO. — La Iglesia ha limitado a seis el número de candeleros puestos sobre las gradas del Altar y dominados por la Cruz. Para la celebración de la Misa, se requieren por lo menos dos velas encendidas. Deben de ser de cera pura o al menos que predomine en su composición. Delante del altar donde se halla la Sagrada Eucaristía, debe lucir una lámpara noche y día, alimentada por aceite de oliva u otro aceite vegetal.

4. EL INCIENSO. — El uso del incienso en las Misas solemnes es general
en la Iglesia católica.

El fuego del incensario expresa los sentimientos de adoración, alabanza, gratitud, sumisión, en una palabra : la oración de la Asamblea Cristiana a Dios.

5. EL PAN Y EL VINO. — La Iglesia latina se sirve para la consagración el pan ácimo, es decir, sin levadura. Funda su práctica en el hecho de que Nuestro Señor habiendo instituido la Eucaristía la víspera de su muerte, es decir, el día de los ácimos, no pudo servirse más que de este pan, porque la ley prohibía a los judíos, bajo pena de muerte, tener en sus casas pan fermentado en ese día.

Ordinariamente se imprime en él la imagen de Jesucristo en la cruz o algún otro emblema religioso.

El vino debe de ser puro y de buena calidad. Sólo el vino procedente de uva puede ser consagrado.

6. ACCESORIOS DEL ALTAR. — Para la celebración del Santo Sacrificio, son necesarios :

Las Sacras, en número de tres, especies de cuadros, puestos el más grande en medio, y los otros dos a cada lado del altar : contienen impresas diversas oraciones de la Misa y sirven para ayudar a la memoria del sacerdote.

El Misal, libro con las oraciones y rúbricas de la Misa.

Las Vinajeras; dos jarritas de cristal con el vino y el agua. Se las coloca sobre la credencia que hay a la derecha del altar.

La Campanilla, que se toca aun en los oratorios privados.

7. LOS VASOS SAGRADOS. — El Cáliz es el vaso sagrado en el cual se hace la consagración del vino en la preciosa sangre de Jesucristo. La copa debe ser de oro o por lo menos de plata sobredorada en el interior.

La Patena es un platito del mismo metal que el Cáliz, destinado a recibir la Sagrada Hostia.

En el Copón, copa de forma semejante al Cáliz, provista de una tapa, se conservan las Hostias para la comunión.

La Custodia es una pieza de orfebrería (sol de oro) destinada a exponer la Sagrada Eucaristía a la veneración de los fieles.

8. LOS LIENZOS SAGRADOS. — El corporal, lienzo sobre el que reposa el Cuerpo de Nuestro Señor : en tiempos antiguos era tan largo y ancho como la mesa del altar y tan amplio que se le doblaba sobre el Cáliz para cubrirlo. Por comodidad se le ha reducido considerablemente y se ha adoptado la palia, lienzo de forma cuadrada, que sirve para cubrir el Cáliz después de la consagración. Corporal y palia deben de ser de cáñamo o de lino.

La bolsa, especie de carpeta recubierta de tela, que contiene el corporal doblado.

El purificador, sirve para enjugar los labios y dedos del sacerdote, así como el Cáliz después de la comunión.

El paño de manos, lienzo pequeño con el cual el sacerdote se enjuga los dedos al Lavabo, y el velo del Cáliz, no son lienzos sagrados; pueden ser tocados por todos.

9. LOS ORNAMENTOS. — Los ornamentos sagrados que el sacerdote se viste para la celebración de los Santos Misterios, reciben del Obispo, o de un sacerdote autorizado, una bendición que los aparta para siempre del uso vulgar.

El amito, lienzo blanco de cáñamo o de lino, cubría en otro tiempo el cuello y la espalda : hoy no envuelve más que el cuello de la sotana.

 

El alba, amplia túnica de lino que desciende como la sotana hasta los pies, adornada con encajes, no es más que la larga túnica de lino que llevaban los romanos. Es la vestidura litúrgica más antigua; fue adoptada por el clero para la Liturgia Eucarística. El alba acortada para los clérigos de Órdenes menores, ha dado origen a la sobrepelliz y al roquete de los canónigos. Es símbolo de pureza.

 

El ángulo, indispensable para sujetar el alba, es el signo de la castidad.

 

El manípulo, banda pequeña de género igual a la casulla, que rodea el brazo izquierdo del sacerdote, tiene su origen en el lienzo del cual se servían en la antigüedad para enjugarse el rostro y las manos, y para tomar diversos objetos.

 

No parece haber sido adoptado por la Liturgia romana antes del siglo XII. Simboliza el trabajo y el dolor.

 

La estola, banda mayor del mismo género que el manípulo y la casulla, era primitivamente una especie de chal más largo que ancho, que cubría las espaldas y venía a caer por delante del pecho. Cuando la iglesia romana la adoptó hacia el siglo VII, había cambiado bastante de forma y constituía más bien una insignia que un vestido. El sacerdote la cruza sobre el pecho y el diácono la pone sobre el costado izquierdo en forma de aspa. Se la considera como símbolo de inmortalidad y de inocencia reconquistada.

 

La casulla, reducida actualmente a una especie de gran escapulario que deja los brazos en libertad, era en otro tiempo una gran capa que caía hasta los pies, abierta únicamente por la parte superior para dejar pasar la cabeza. Lleva ordinariamente la imagen de la Cruz y simboliza el yugo de Jesucristo.

 

10. EL COLOR DE LOS ORNAMENTOS. — Hay cinco colores litúrgicos : el blanco, rojo, verde, morado y negro.

 

El blanco, emblema de la inocencia, sirve para las fiestas de Nuestro Señor, de la Santísima Virgen, de los Confesores, de las Vírgenes y de las Santas Mujeres.

 

El rojo, color de sangre y de fuego, está reservado para los días si¬guientes : Pentecostés, en recuerdo del Espíritu Santo, que descendió sobre los apóstoles en forma de lenguas de fuego; las fiestas que tienen por objeto la Cruz y los misterios de la Pasión de Nuestro Señor; las fiestas de los apóstoles o de los mártires que derramaron su sangre por Jesucristo.

El verde, símbolo de la esperanza y del reposo que gozaremos en la otra vida, se emplea únicamente en los domingos después de Pentecostés El morado simboliza la tristeza y penitencia; se usa durante el Adviento, la Cuaresma, el tiempo de Septuagésima y las cuatro Témporas. El negro se emplea siempre que se celebra Misa de difuntos y el día de Viernes Santo.

En muchas diócesis de España y en Latinoamérica hay privilegio de la Santa Sede de poder usar el color azul celeste en la festividad de la Inmaculada Concepción y misa votiva del mismo misterio. Todos los Sacerdotes pueden usar ornamentos de color rosa en las dominicas 3a de Adviento (Gaudete) y 4a de Cuaresma (Laetare).

Los colores litúrgicos fundamentales, según el código de 1960, pueden sustituirse por otros, siempre por decisión de la jerarquía eclesiástica, en tierras de Misiones, donde la significación de determinado color se oponga a la señalada anteriormente. En las Misas votivas se usa el color propio de cada Misa; pero en las votivas rezadas de 4a clase puede usarse el color propio del día litúrgico, reservando siempre el color morado y el negro para las Misas que los exigen.