El Comentador
Para la participación más activa de los fieles en la misa, es conveniente que un «comentador» vaya explicando los ritos, preces y lecciones y dirigiendo su participación externa con respuestas y cantos. Conviene que el «comentador» sea sacerdote o, al menos, clérigo; a falta de éstos, puede ser un seglar de costumbres cristianas y bien instruido. Si es clérigo, usará roquete y hablará desde el presbiterio o el púlpito. Si es seglar, se colocará ante los fieles en sitio oportuno, pero no en el púlpito ni en el presbiterio. Las explicaciones y avisos vayan escritos: sean pocos, sobrios y breves, dados a tiempo y con voz moderada; deben suspenderse mientras el celebrante reza las oraciones; y deben ayudar, no entorpecer, la piedad de los fieles. El «comentador» seguirá atentamente al celebrante, acompañando la acción sagrada sin re¬tasarla ni interrumpirla, para que toda ella se desarrolle con armonía unidad y piedad. El sacerdote, por su parte, ha de pronunciar con voz clara y tan alta que puedan oírle todos. Las mujeres no pueden asumir el papel de comentador; solamente en caso de necesidad una mujer puede dirigir de algún modo el canto o las oraciones de los fieles. Para facilitar la inteligencia entre el comentador y los fieles, en nuestro misal se han puesto números marginales en el Ordinario de la Misa. La experiencia pastoral demuestra que al indicar el «comentador» tal página y tal número para tal respuesta activa que ha de darse al celebrante, los fieles se disponen inmediatamente, con su misal en la mano, a actuar de manera uniforme y exacta. Como la participación activa ha de implantarse gradualmente, el «comentador» puede ir eligiendo las respuestas de cada día, en el orden que prefiera, por el mismo sistema de números.